SOCIEDAD AUTODESTRUCTIVA

Por: Rafael Gómez Gómez.

Las cifras lo dicen todo en Colombia. 64.767 muertes por COVID-19 en el país, cifra actualizada y que es terrorífica. Hoy no quiero ni señalar si faltan o faltaron medidas, si los alcaldes, gobernadores y la Presidencia de la República han actuado o no oportunamente con medidas restrictivas para colocar en orden a una sociedad desbocada y desesperada por romper las reglas a como dé lugar.

Minitecas clandestinas de fiestas de menores de 18 años, desbordados de la escasa autoridad de sus padres, fiestas de todo tipo, de adultos libres de todo estereotipo, gay, lésbico, heterosexuales, son masivas para cada género, y otras más absurdas y peligrosas como en Cali, que su único requisito para participar era tener COVID-19, una exigente membresía, ¿Estamos locos?



Total, esta es una sociedad que perdió el rumbo, quiero entender si es que necesitamos un psiquiatra o sicólogo cada colombiano y que nuestra salud mental se ha afectado en tal grado que estamos ya insensibles ante el dolor, e inmunizados ante las tragedias.

Las clínicas totalmente llenas, las unidades de cuidados intensivos (UCI), cerradas, no hay medicamentos, no hay camas, en unas ciudades la situación es más crítica que en otras, la zona rural ya llegando a este dolor y sufrimiento y eso que ha sido de los pocos sitios donde las alarmas no se dan por el medio ambiente y porque nuestro campo es muy sano en sus costumbres, pero nosotros, animales sin conciencia colectiva, apenas se hacen cierres tomamos la ruta más fácil, y es ir a joderles la vida y refugiarnos ahí en la zona rural. Y si nuestros campesinos, la despensa agrícola, los que han mantenido el flujo de alimentos para la alicaída economía, no pueden producir y empiezan a cerrar fronteras como lo hicieron y hacen los cabildos y resguardos indígenas que han actuado con responsabilidad social, habría escasez de alimentos y suministros, y solo así es que vamos a entender esta locura colectiva y la falta de conciencia de una sociedad de mierda.

Ya nuestra tragedia tiene rostros y nombres, amigos cercanos de toda la vida, compañeros de trabajo que solo hace días eran nuestros contertulios, aquellos que solo hace poco bailaban y tomaban unos tragos sociales con nosotros y días después estaban dejando escapar sus vidas en una fría cama de cuidados intensivos. Pero sigo escalando el desbarajuste social, esos mismos rostros se acercan y ya mueren hermanos, abuelitos, tíos y amigos de toda la vida, pero… ¿Quién dijo miedo? La revolución de los frenillos y el acné, de chicos de 14 a 22 años más o menos, reprimidos por pasar casi un año encerrados, que sintieron que les quitaban las cadenas y que la libertad sublime llegaba con las aperturas graduales, y con eso aumentaron las fiestas en Medellín en las casa fincas, y en todo el país las presentaciones de artistas en fiestas privadas, y ya el virus se fortaleció y empezó a tocar a los “intocables jóvenes”, quienes jamás pensaron que en su puerta tocaría la muerte directamente, porque ellos por su irresponsabilidad hoy son los mayores “asesinos” – ya no silentes- de sus padres y abuelos.

Me cuenta mi hermano, médico internista, quien día a día lídia en Medellín con el COVID-19 y que ya lo sufrió en carne propia, que adicional a que expone su vida día a día, le han robado a él y a sus colegas los pagos, como si fueran médicos generales. En qué clase de sociedad y Estado estamos, que mientras unos se mueren por enfermedad, otros se mueren de la risa haciendo negocios y contratos con la tragedia colombiana, ¿No somos entonces una sociedad de mierda? Solo a veces, y lo pienso a veces, qué tal que aquí operara la pena de muerte para la CORRUPCIÓN… Como dicen aquí en mi tierra, “No habría paño pa’ la paría”.

No quiero ser ave de mal agüero, pero en una situación hipotética, de un Estado desfinanciado, sin suministros de alimentos por la situación crítica del campo ya planteada, a pesar que el Gobierno nacional siga enviando subsidios, los desmanes, asalto a almacenes de gran superficie, el robo y saqueo, tienen que estar en el orden del día, espero que no nos tome con los calzones abajo.

No me imagino qué pasaría en Montería con una protesta de cuarenta mil mototaxistas que viven del día a día, o si se da el cierre de las plazas de mercado.

No es apocalíptico, esto está a la vuelta de la esquina, ojalá el presidente DUQUE se pellizque, que alguien le diga que ese informativo lo pueden hacer periodistas de la oficina de prensa de Presidencia, que lo necesitamos haciendo más contratos de compra de vacunas, indagar por las vacunas CUBANAS, un pequeño país caribeño que ha conseguido en investigación lo impensable, no una, sino dos vacunas, SOBERANA 1 y SOBERANA 2, la única en el mundo que se le puede suministrar a los menores de edad sin riesgo alguno, además son las mejores calificadas por la OMS.



Nos gustaría señor presidente DUQUE, con todo respeto, que contratara a los miles de enfermeras profesionales y auxiliares de enfermería que están sin empleo y reclutarlos ya para una vacunación masiva, pero claro sin vacunas, ni modo. Entonces hay que salir a la China o Rusia a buscar, y además permitir que los privados participen en la idea de que ellos compren las vacunas para sus trabajadores, cualquier ayuda hoy es necesaria y hay que aceptarlo, es cuestión de vida o muerte, lo necesitamos en la primera línea, en las regiones y no importa si de vez en cuando quiera salir en la cadena nacional, pero sin excesos, recuperemos al mandatario para gobernar, es URGENTE.

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