Sentido Común: Del sacro imperio Romano al Brexit

Por Fernando Gómez Jiménez

 

La teoría del péndulo aplicada a la praxis  política suele explicarse como la oscilación o vaivén de la historia política, en cuyo contexto se suceden  cambios periódicos, como en  un movimiento  pendular, esto es, que se pasa de la izquierda a la derecha, de la dictadura a la democracia, de la unión al separatismo, etc.

 

 

 

En el año 800 de nuestra era, con el ascenso del rey franco lombardo  Karolus Magnus (Carlomagno) al trono del Sacro Imperio Romano Germánico, se inició un complejo proceso de unificación de casi toda la Europa occidental y central, basada entre otras razones, en la imposición de una religión común: el cristianismo católico romano. Es por ello que, Carlomagno es considerado el padre de Europa.

 

 

 

Este proceso de unidad de Europa durante el reinado del emperador Carlomagno, fue visionario y permitió que pueblos de muy diverso origen, lengua y creencias religiosas, terminaran en un proceso común durante varios siglos. Finalmente se desintegró en la alta edad media, a partir de lo cual comenzaron a surgir las naciones modernas predecesoras de los actuales estados europeos. Llama la atención de este proceso desarrollado por Carlomagno el origen común de los dos estados más importantes de la Europa actual: Alemania y Francia.

 

 

 

Disuelto el Sacro Imperio Romano, durante la alta edad media, se inició en Europa un proceso constante de guerras y enfrentamientos entre las diferentes monarquías, hasta llegar a la edad moderna que culmina este proceso de enfrentamientos con la primera y segunda guerras mundiales (europeas fundamentalmente) y la derrota de la Alemania Nazi.

 

 

 

Aún con las heridas abiertas, en los años 50s se inicia un largo proceso político que busca nuevamente  la unificación de Europa.  De esta manera se crea en principio la denominada Comunidad Económica Europea (CEE) hasta llegar al tratado de Maastricht que aprueba la Unión Europea, Régimen de Integración que agrupa a 28 países.

 

 

 

Transcurridos cerca de  30 años de este proceso de integración regional, y después de que las naciones asociadas renunciaron a importantes principios de su soberanía en todos los ámbitos, ha comenzado a vislumbrarse una crisis estructural que amenaza a la UE en forma muy seria. La crisis económica periódica del capitalismo que ya lleva cerca de 10 años, la recesión permanente en casi todas las economías de los estados comunitarios, con énfasis en los de la periferia (Grecia, Portugal, Escocia, España entre otros) y el pronunciado vaivén del péndulo político que marca un nuevo resurgir de las ideologías nacionalistas y el fracaso de la socialdemocracia, varios de los estados europeos han comenzado a manejar una alta dosis de euro-pesimismo. Solamente se mantienen firmes Alemania, la denominada locomotora económica europea que es la que capitaliza los mayores logros del proceso y Francia, cuya situación económica y social no es nada halagüeña, pero que, en la actualidad, por virtud del movimiento pendular es la mejor aliada de su otrora archienemiga Alemania; no por nada, Alemania y Francia tienen un origen común durante el reinado de Carlomagno.

 

 

 

Con el Brexit, salida del Reino Unido de la Unión Europea, la crisis de este Régimen de Integración Regional se precipita y marca un hito de gran envergadura, que puede ocasionar lo que se denomina un efecto dominó. El retiro de los británicos de la UE, demuestra que estos regímenes no tienen la vocación de ser permanentes, como lo ha demostrado la historia. Su antecesor, El Sacro Imperio Romano Germánico es una prueba fehaciente de ello, aun cuando aquellos fueran otros tiempos. Los Regímenes de Integración pueden incluso ser abandonados, cuando los agentes (Estados) calculan que los costos de pertenecer a ellos son más elevados que los beneficios. Esto es lo que está ocurriendo con el Reino Unido que ha optado por retirarse de la UE, y que, ha preferido continuar con su moneda nacional y controlando sus fronteras en forma soberana.

 

 

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