REPROBADOS


Amylkar D. Acosta M

La realidad y el entorno socioeconómico en el que nacen e interactúan las personas condiciona su condición social, el desarrollo de sus capacidades y su desempeño hacia el futuro. No da lo mismo haber nacido en Dinamarca que en Cundinamarca, ni da lo mismo haber nacido en El Chicó que en el Chocó, como tampoco haber nacido en la península Ibérica que en la Península de La guajira. Desde la gestación y lactancia misma de la niñez se empiezan a marcar las diferencias.


En Colombia, además, hay enormes brechas en cuanto al acceso a los alimentos y la calidad de estos por parte de la niñez, acusando altos niveles de desnutrición y malnutrición infantil e incluso cifras elevadas de deceso por causas asociadas a los mismos. Esta situación adquiere ribetes de dramatismo en departamentos como La guajira, al punto que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se vio precisada, en diciembre de 2015, a dictar unas medidas cautelares para “preservar la vida y la integridad de niños y adolescentes”, amenazadas seriamente por el hambre y la desnutrición. Y, ante el desacato de las mismas por parte del Gobierno, la Corte Constitucional decretó el Estado de cosas inconstitucional para forzar su cumplimiento, pues seis años después aún está en veremos.


Y lo más grave de todo esto es que la desnutrición, al igual que la mal nutrición en esta edad temprana afecta tanto el desarrollo físico como el cognitivo de quien la sufre, causándole al niño o a la niña un daño irreversible e irreparable, que se convertirá en una tara con la que tendrá que arrastrar irremisiblemente por el resto de sus días. Es consabido que los primeros mil días de existencia de la criatura son críticos, lo que se haga o se deje de hacer durante esta fase de su crecimiento es decisivo para su formación y desarrollo posterior, de ello debemos ser conscientes y actuar en consecuencia.


Hacemos estas disquisiciones a propósito del mediocre resultado que, una vez más, arroja la más reciente prueba Saber 11, en la que, según la investigadora de la Universidad ICESI Juliana Ruíz “sólo un 1.1% de los estudiantes obtuvieron resultados catalogados por el ICFES como óptimos en todas las competencias”. Y, claro, como era de esperarse, les va peor a departamentos que, como el de La guajira, Magdalena, Chocó, Amazonas, Guanía y Vichada, pues exhiben los peores indicadores sociales y para colmo de males cuentan con una infraestructura deficiente, una ínfima dotación, todo lo cual afloró y se agravó con motivo de la crisis pandémica.


Aquí hagamos una digresión para explicar en qué consiste la prueba Saber 11 y su importancia. Esta es una evaluación externa estandarizada aplicada periódicamente por parte del ICFES, que busca analizar y evaluar el desempeño alcanzado por parte de los estudiantes según las competencias básicas en 8 áreas, a saber: lenguaje, matemáticas, sociales, filosofía, biología, química, física e inglés.


Pues bien, mueve a la preocupación el hecho que en los últimos 5 años los resultados de esta prueba han venido de mal en peor, lo cual delata el continuo deterioro de la calidad de la educación en Colombia, lo que debería disparar todas las alarmas, puesto que la de la calidad de la educación y la enseñanza dependerá la calidad de nuestros profesionales. Pero no, estamos, en medio de una polarización política sin antecedentes, embebidos en insulsos y banales debates que no consultan la real realidad. Los responsables de la política educativa en nuestro país, como diría el mexicano Nobel de Literatura Octavio Paz, están a las afueras de la realidad.


Según el Informe del Centro de Investigación y Formación para la Educación Superior (Ceinfes), esta última Prueba, arrojó como resultado que el promedio nacional pasó de 260 puntos sobre los 500 puntos posibles en 2016, la más alta calificación alcanzada, a 250 puntos en 2020. Es decir, la educación y los educandos en Colombia se siguen rajando. Como lo afirma el experto en educación Ricardo Álvarez, “lo que reflejan estos resultados es un importante retroceso que deja mucho qué pensar respecto a la calidad de la educación en niños, niñas y adolescentes”.


Huelga decir que este promedio, como todos los promedios, es engañoso, porque cuando se promedia se aplanan las colinas y los valles se emparejan con ellas. De acuerdo con el investigador del Ceinfes Milton Ochoa, “los bajos resultados se concentran en regiones en condiciones más vulnerables, al contrario de las zonas con los mejores puntajes, lo cual evidenciaría una gran desigualdad en materia educativa”. En efecto, mientras los departamentos de Boyacá, Norte de Santander, Santander y Cundinamarca, al igual que Bogotá se ubican por encima de la media nacional, por su parte el Chocó, Amazonas, Vichada, Guainía, Magdalena y La guajira, que son los coleros, obtuvieron puntajes muy inferiores a la media nacional.


Esta es una verdadera catástrofe, la cual amerita la inmediata atención e intervención del Estado para ponerle correctivos a las fallas sistémicas de la educación para superar esta debacle. El mejoramiento de la calidad de la educación y el consecuente mejoramiento de los resultados de estas pruebas no se va a dar por generación espontánea. Hay que actuar ya, el tiempo apremia!

Cota, junio 12 de 2021
www.amylkaracosta.net

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