Homenaje a músicos y compositores cordobeses

Por: Antonio Sánchez Charry

El aislamiento que se vivió en la región del Sinú por centenares de años fue una de las principales causas para que bellísimas melodías, tanto románticas como festivas, así como sus intérpretes, fueran ignorados por todos los colombianos. Para hablar de folclor, músicos y compositores, debemos trasladarnos a Ciénaga de Oro, más conocida como la capital musical de Córdoba, y a la época de las familias González, Pianeta, Lenes, Sáez, Flórez, etc. Los “Loranos” hicieron famosa esta región con sus magistrales composiciones e interpretaciones. Melodías como “El Polvorete”, “Sonia”, “Sabores del Porro”, “Valledupar” etc, sobrepasaron nuestras fronteras y aún siguen vigentes.

Ciénega de Oro tuvo su gran orquesta, fundada y dirigida por el maestro Antolín Lenes. Sus cantantes Lucy y Filiberto González. Manuel Antonio, hermano de Lucy. Invidente, como ella, era un mago con la guitarra y el acordeón, además, un gran compositor repentista; fue el autor del famoso “Polvorete”. Diariamente, en una hamaca, haciendo sonar su guitarra, esperaba los millones que le prometieron quienes se encargaron de grabar y divulgar “Su Polvorete”. Millones que nunca llegaron. Regalías que se las llevó el viento. Todo fue una inocentada. Como siempre los empresarios se llevaron la parte del león y la del ratón. Manuel Antonio murió pobre como había nacido, en su rancho del cerro de oriente, ignorado totalmente por las autoridades de su pueblo. El mismo camino transitó su hermana Lucy, quien junto a la Orquesta de Antolín, casado con una hermana suya, recorrió el país, divulgando el folclor de nuestra región.

La parte musical de las parrandas de antaño por el Sinú era aportada por músicos de Ciénaga de Oro. Antolín, Lucy, Filiberto, la canosa, hermana de Lucy, el “Negro” Sáez, el “Turco” González, Juancho Oviedo, dueño absoluto del porro “Tres Puntas”, Tomasito, Rosendo, Ignacio y Juan Cavadía, el “Mocho” Remberto Agámez, conocidos como el rey del trombón. Todos ellos eran los dueños de las festividades en Cereté, Montería, Sahagún y toda la Sabana.

Otro que recorrió con su guitarra al hombro los embarrados caminos del Sinú fue el cereteano “cabo” Herrán. Sus numerosas composiciones lastimosamente se perdieron por absoluta falta de apoyo de las autoridades. Infinidad de veces llegó a tocar la puerta de la alcaldía en busca de recursos para grabar sus temas y recibió las consabidas promesas que nunca se cumplieron. Resultado de su peregrinar fue el gran éxito: “El guayabo de la Ye”, melodía que se hizo famosa internacionalmente y fue grabada en la voz del Venezolano Oscar de León y también interpretada por la orquesta Billos Caracas Boys, del maestro dominicano Billo Frómeta. Algunos animadores de música de hoy presentan el “Guayabo” como de la autoría del gran maestro Lisandro Meza. Su registro oficial está a nombre de su autor el “Cabo” Herrán. Miguel Villadiego, gran trompetista cereteano, contra viento y marea, y sin apoyo alguno, mantuvo por largo tiempo su orquesta en Cereté. En ciénaga de Oro, los Hermanos Sáez fueron los fundadores de la primera agrupación orquestal en ese municipio. También existió el “Sexteto Orense” de Filiberto González y el grupo dirigido por Pablito Flórez. Montería tuvo magníficas orquestas que sobrevivieron gracias al apoyo que para la época recibieron de los clubes sociales Montería, Campestre, Tuminá y Leones, en donde periódicamente se celebraban bailes. La más famosa de todas estas fue la “Sonora Cordobesa”, dirigida por Simón Mendoza. En ella se reunieron grandes músicos e intérpretes cordobeses como Reinaldo Bello, el “Indio” Chávez, Abraham Núñez, Guillermo Soler, Toño Sánchez González, Nacor Varón, Benny López, Pascual Rovira “Pascualito”, Germán Lambraño, “Caramelo Pacheco”, entre otros. En la historia de esta orquesta tiene mucho que ver Antonio Fuentes de Cartagena y que años después cambió su sede para la ciudad de Medellín. Sus primeros estudios de grabación estuvieron en el edificio Fuentes del centro de la ciudad y luego fueron trasladados al Barrio Manga allí “debutó” la Sonora con los cantantes Cartageneros Cresencio Camacho y el “Turco” Amín. Su primera grabación fue un “Chiquichá” y lo interpretó exitosamente el “Indio” Chávez, de su propia autoría. Luego, del maestro Tiburcio Romero grabaron una cumbia y el porro “Pura Paja”, así como varias cumbias de Simón Mendoza, nacido en una población bolivarense y establecido en Montería.

El resultado de este primer día de grabación fueron dos L.P. Chávez fue bautizado con el remoquete de “Indio”, por parte de Toño Fuentes, que estuvo presente durante la jornada de grabación. Cumplida ésta se pasó a la presentación de la carátula con el nombre de la Orquesta. El maestro Simón Mendoza la bautizó como Orquesta Sinú. Toño Fuentes consideró que ese nombre no despertaba ningún interés. Había que ponerle uno más llamativo; “se necesita un nombre internacional”. Toño Fuentes se queda pensando por varios minutos. Luego se dirige a la puerta y después de despedirse se devuelve y le dice al maestro Simón: ¡Ya lo tengo!, esta agrupación será conocida en todo el mundo como la “Sonora Cordobesa”. De esta manera le rendimos un homenaje al nuevo departamento que se perfila como uno de los más progresistas del país. Con aplausos se recibió este nombre y no pudo faltar el tradicional brindis para celebrar el acontecimiento. La Sonora Cordobesa adquirió fama desde su arranque. En todas las fiestas de Montería, para el “11 de noviembre”, en Cartagena; “Los Carnavales en Barranquilla”, “Fiestas del Mar”, en Santa Marta, Medellín y Bogotá. Se convirtió en gran acontecimiento en sus presentaciones. “La Sonora Cordobesa” era una agrupación que contaba con infinidad de músicos, pues Toño Fuentes la reforzaba, en ocasiones con Clímaco Sarmiento, Pedro Laza, Walberto Garcés, Toño Ortiz, José de Jesús Lara, Eliseo Herrera y Adalberto Meléndez.

Pero Toño Fuentes, un inquieto industrial, vio que tenía suficiente material humano para seguir divulgando la música tradicional de la costa Norte Colombiana y fue así como crea otra orquesta. Comienza a cranear el nombre y una madrugada despierta, salta de la cama para ir al escritorio donde hace algunos apuntes y al día siguiente dice a sus músicos: “Acaba de nacer una gran orquesta. Su nombre: “Pedro Laza y sus Pelayeros”. Sus integrantes eran los mismos de la Sonora Cordobesa reforzados con gran cantidad de músicos veteranos de Cartagena y también de las sabanas.

Mientras, en Montería, Francisco Zumaqué, un gran músico, que inicialmente formó parte de la Sonora Cordobesa, fundó su propia orquesta. Pacho había creado un nuevo ritmo: “La macumba”, una mezcla de mapalé y cumbia, que desde su arranque se convirtió en todo una acontecimiento. Su primera grabación fue la que llevó el nombre de “Vacaponte”. La orquesta llevó el nombre de “Macumberos del Sinú”. El poco mercado existente en Montería para garantizar el sostenimiento de una orquesta fue la causa para que tanto “Macumberos del Sinú”, como “Sonora Cordobesa” fueran desapareciendo. La mayoría de sus músicos emigraron para Medellín y Bogotá, principalmente.

Vivir solamente de la música no era rentable. Aquí los músicos para sobrevivir debían tener una ocupación distinta como alternativa, por ejemplo, ser sastres, peluqueros o ebanistas, etc. Pacho Zumaqué fue director de la Banda Departamental de músicos. Su hijo, Francisco es hoy un brillante compositor y director sinfónico que ha recorrido numerosos países dirigiendo grandes filarmónicas. La familia Zumaqué es privilegiada en lo que a música se refiere.

Las hijas de Pacho tienen una gran orquesta “Fascinación Caribe” y están vinculadas como docentes a la universidad de Córdoba, en la facultad de música.

El día en que se les rinde homenaje a estos inolvidables mensajeros de alegría tendrá que llegar. Tanto para los que se fueron como para los que aún perduran. La indiferencia de las autoridades, tanto departamental como municipal, llegará a su fin y ese día sentiremos la gran complacencia de ver premiados, a estos brillantes intérpretes de nuestro folclor.

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