Historiando el Sinú

Por: Antonio Sánchez Charry

Hasta mediados del pasado siglo llegar a Montería era casi que una odisea. El único medio existente era el río Sinú. Algunos veleros que zarpaban de Cartagena, llegaban hasta la bahía de Cispatá. Allí se hacía transbordo a una canoa, que a punta de palanca iniciaba su recorrido, río arriba, hasta llegar a la población de Lorica. De allí seguía su curso hasta Montería. Estas canoas eran impulsadas por indígenas y esclavos africanos.

Al respecto de los bogas, el escritor Félix Manzur Jattin, en su obra “Córdoba Pasado, Presente y Futuro”, nos cuenta que para adentrarse en las aguas de los ríos, en busca de los territorios descubiertos, se crearon los encomenderos que tenían a su cargo cientos de indígenas y esclavos africanos que debían remar contra la corriente. La boga aniquiló a los indios. Los oidores Tomás López y Melchor Pérez de Arteaga sugirieron encomendar a los esclavos africanos estas labores debido a que eran más fuertes para desarrollar estas labores.

El río Sinú para la época de la conquista no era una vía fluvial demasiado transitada y explotada como la del río de la Magdalena, pero se presume que los encomenderos que usufructuaban las tierras aledañas a sus riberas también utilizaban a los indígenas como esclavos. Debían impulsar las canoas y planchones repletos de personas, equipajes, mercancías, incluso semovientes. Muchos aborígenes desesperados se quitaban la vida. El más cruel de los encomenderos fue un sujeto conocido como Gómez Carvajal, el cual, en castigo, decapitaba a los indígenas y hasta llegó a quemarlos con aceite y fuego.

Para la época, el comercio de la región se encontraba en manos de sirios libaneses establecidos en Cartagena. Muchos de ellos emigraron al Sinú fijando su residencia en las localidades de Lorica, Cereté y Montería. No existían carreteras y las poblaciones de las sabanas como San Andrés de Sotavento, Sahagún y Chinú se encontraban completamente aisladas. Todos los movimientos se hacían a lomo de mula. Se proyectó una línea férrea, que arrancando de Cartagena iba a recorrer gran parte de sabanas y el río Sinú, pero por rencillas lugareñas fracasó.

A comienzos del siglo pasado se abrieron algunas trochas por donde se movilizaban los sinuanos a lomo de mula transportando algunas partidas de semovientes, con los naturales inconvenientes, principalmente en los meses de invierno. Viajar desde Cartagena a Sincelejo por tierra era casi que imposible. Había que hacerlo en canoas hasta Tolú. De allí en bestias hasta Sincelejo, tomando la ruta de Toluviejo.

Algunos monterianos para llegar a Bogotá, en donde cursaban estudios, tenían que hacer el viaje a lomo hasta el puerto de Magangué. Allí tomaban un barco de la Naviera Colombiana hasta un puerto de Cundinamarca y el resto lo hacían en tren. Para ir a Medellín el barco los dejaba en Puerto Berrío y en ferrocarril hasta la capital de Antioquia.

Para la época de 1940 existía un camino, más bien, una trocha que iba desde Cartagena hacia las Sabanas y el Sinú.

Algunos camioneros se arriesgaban para hacer este recorrido hasta Montería. Adecuaron los vehículos para transportar carga y cierto número de pasajeros. Sabían que día salían pero nunca cuándo podrían llegar. La aventura comenzaba al escalar, en épocas de invierno, algunas pequeñas pendientes para llegar a la población de Turbaco, siguiendo hacia Arjona para luego llegar a un poblado conocido como Gambote, a orillas del Canal del Dique, donde había que proveerse de alimentos. En un planchón hacían el cruce para seguir en busca de las localidades de San Juan, San Jacinto y el Carmen de Bolívar. En invierno los camiones eran provistos de cadenas en sus llantas y hasta se contrataban tractores que los auxiliaban en los pasos malos.

Dando tumbos por fin llegaban a Sincelejo, en donde muchas veces había que pernoctar si arreciaban las lluvias y la vía se hacía intransitable. Lo más difícil se presentaba cuando al iniciarse el recorrido de la Apartada, en el sitio conocido como La Ye, de allí a Montería, pasando por Ciénaga de Oro y Cereté, se encontraban los pasos más difíciles. En invierno el tramo Cereté – Montería, se convertía en un gran lodazal. Había que acudir a animales de carga para concluir esta terrible aventura.

En aquel tiempo para viajar de Montería a Lorica existían dos rutas. Una tomando el río Sinú aguas abajo y la otra por el caño de Aguas Prietas que arrancaba cerca a Sierra Chiquita y cruzando por varios sectores del sur seguía hasta el Cerrito, San Carlos y Ciénaga de Oro, para finalmente desembocar en la Ciénaga Grande del Bajo Sinú. Para llegar a Cereté también existió una trocha que apenas era transitada en meses de verano y que demoraba hasta dos días su recorrido. Los jinetes pasaban por el sitio conocido como Sabanas y de allí a San Carlos y desde este punto hasta Cereté. En invierno esta vía desaparecía.

En la década del 1940 se construyó el aeropuerto San Jerónimo, situado en terrenos en donde hoy se levanta el hospital. Allí comenzó a operar la empresa Avianca con un vuelo, que saliendo de Barranquilla, en las primeras horas de la mañana, partía con rumbo final Medellín, tocando los aeropuertos de Cartagena, Corozal, Lorica y Montería, con recorrido en forma inversa en la tarde. La misma empresa estableció un servicio con una pequeña
avioneta que se conoció como Aerotaxi y que prestaba servicios entre Montería y numerosas localidades de Urabá y del Alto Sinú. El capitán Pompilio Silva fue por muchos años el piloto que unió a Montería con todas estas regiones.

Para el año 1870 llegó al puerto de Montería un buque de vapor llamado “Bolívar”, de propiedad de Nicolás de Zubiría y capitaneado por un inglés de apellido Root. Traía a bordo una banda de músicos. Después del Bolívar siguieron navegando por el Sinú numerosas “lanchas”, entre las que se recuerdan El Damasco, de Chadid Hermanos, La Gaviota, La Montería, Cartagena de Indias, Berástegui, Montelíbano y otras que surtían a la región de toda clase de géneros y que llevaban hasta Cartagena productos de agricultura y ganadería.

En 1915 don Rafael Montes trajo a Montería el primer automóvil. Se trató de un Ford que había adquirido por la suma de 700 pesos y el cual fue trasladado en una de las embarcaciones que navegaban por el Sinú. Se utilizaba en algunas calles de la población en los meses de verano. Para 1922 el ciudadano Emmanuel Ramírez Pinaud viajó de Montería a Lorica en un carro Ford. Este hecho se constituyó en una verdadera hazaña. El recorrido lo hizo en 17 horas. Mientras que Frank Sliger en 1925 llevó un carro desde Montería a Tierralta, por la margen izquierda del río Sinú y cruzó a la margen derecha en un entablado sostenido por varias canoas. Se cuenta que a su regreso el vehículo estaba convertido en una chatarra.

Coincidiendo con la creación del departamento de Córdoba se materializó la gran Troncal del Caribe. Carretera que unía a las regiones de la costa con el interior del país. Con ello se estableció un servicio de buses entre Cartagena y Montería, pasando por San Jacinto, El Carmen de Bolívar, Ovejas, Corozal, Sincelejo, Sampués, Chinú, Sahagún hasta llegar a la Ye, de donde se desprendía un brazo por Ciénaga de oro, Berástegui y Cereté hasta llegar a Montería.

El empresario cartagenero Eleuterio de la Cruz puso en marcha una flota de buses que luego se convirtió en la empresa Unitransco. En los primeros años, por una carretera destapada transitaban buses y camiones con los consiguientes inconvenientes durante el inverno, con tramos en donde se hacía imposible transitar. Llegar a Ayapel desde Cartagena era toda una odisea, había que viajar hasta el lugar conocido como Puerta de Hierro y tomar el desvío hacia Magangué. Toda una trocha. En Magangué esperar un remolcador que llevaba Cerveza a Ayapel, seguir por el río de la Magdalena hasta tomar el río Cauca en su desembocadura y por el Cauca hasta encontrar la desembocadura del San Jorge, desviándose luego por un caño hasta llegar a Ayapel.

Hoy Montería cuenta con magníficos servicios de transporte terrestre y aéreo que la comunican con todo el país. Su aeropuerto está a punto de internacionalizarse. El tráfico entre la capital cordobesa y las ciudades de Medellín, Bogotá, Cartagena y Barranquilla es constante. Su crecimiento aumenta cada día y se abre camino a pasos agigantados en materia agrícola y ganadera. De la vieja Montería, con sus calles y caminos intransitables y llenos de lodo solo nos queda el recuerdo.

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