GALÁN Y GAVIRIA, DESTINOS CRUZADOS II

Por: Rafael Ángel Gómez Gómez

El asesinato de policías en las calles de Medellín, fiscales, jueces, investigadores judiciales como la masacre del 18 de enero de 1989 en  La Rochela, más de 100 atentados con bombas entre septiembre y diciembre de 1989, año de muerte y terror, las cifras de desaparecidos, asesinatos como el  del coronel Valdemar Franklin en Medellín, quien días antes había desactivado un atentado contra Luis Carlos GALÁN, este año se “jodió”, el país se fundió, la moral  fue sometida a punta de crímenes contra la justicia, la humillación de jueces honestos, que veían la connivencia de los narcos cada vez más poderosos y retadores al Estado y a todo lo que se les atravesara en su camino, ese año no hubo campeón en el fútbol colombiano, la muerte de un humilde arbitro bolivarense, Álvaro Ortega, ese 15 de noviembre de 1989, develó toda la podredumbre y el facilísimo de la otrora  pujante y orgullosa raza antioqueña que se rebelaba desde sus cimientos contra los primeros carteles reales o llamados “sindicatos”, verdaderos monopolios económicos del poder y dueños de toda la economía de Antioquia; quienes durante décadas resultaron favorecidos por dudosos salvamentos económicos en sectores como el de los textiles, es el caso de Coltejer, esta empresa antioqueña que llegó a tener 16.500 trabajadores hoy, en la actualidad, tiene 1.500.

Coltejer, Fabricato, Tejicondor y otras empresas fueron el símbolo de la pujanza antioqueña, la llegada del grupo de Carlos Ardilla quien se había hecho a muchas empresas del sector textil, la industria de las gaseosas, Lux y Posada Tobón, y cuánta industria en otras áreas que estaban en proceso de quiebra fueron adquiridos a precio de huevo, ellos durante años sometieron a una clase obrera a sueldos míseros  y crearon cinturones de miseria, o sea, la futura Villa Tina que después el ROBIN HOOD moderno, PABLO ESCOBAR GAVIRIA, elevado a la categoría de héroe, quien con ese éxito económico desplazaba a los que durante décadas veía en los clubes antioqueños con envidia, sus padres y madres fueron la servidumbre de esta alta sociedad que fanfarroneaba con sus lujosos carros y mansiones, pues ahora el destino cambiaba de rumbo y soplaban vientos de riqueza desde las barriadas pobres, ahora antiguos saqueadores de tumbas y jaladores de carro, o sea ladronzuelos, pasarían a dirigir durante los próximos 20 años -desde la década de los 70- a liderar la industria más exitosa de Latinoamérica, el NARCOTRÁFICO.

En su afán de buscar membresía compraban fincas, mansiones de sus antiguos patrones a las buenas o a las malas, buscaron mujeres con alcurnia, con economías familiares venidas a menos, la nueva empresa había permeado hasta los tuétanos a la sociedad paisa y esto ya no tendría REVERSA.

Ese domingo, 20 de agosto, fue un día triste para los colombianos: era el sepelio del hombre más importante de su generación, seguramente desde Jorge Eliécer Gaitán. Colombia no había sentido un dolor tan grande, no había ideología, ni ricos, ni pobres, ni clase media, solo dolor profundo, unos narcotraficantes delirantes y ciegos por el poder adquirido que seriamente pensaban que el Estado podía ser vencido de una u otra manera, que además lo estaban venciendo, sometiéndolo en ese año fatídico de 1989, que según las cifras y estadísticas de atentados con dinamita y sicariato selectivo y masacres en todo el territoriomarcó un hito sin precedentes por la sangre de Pablo Escobar Gaviria, el cartel de Medellín y el cartel de Cali enfrentados.

Esto sumado a los PEPES (perseguidos por Pablo Escobar), un grupo que se desprende del cartel de Medellín que hizo alianza con corruptos del Estado que para obtener resultados no dudaron en darle herramientas y materiales de inteligencia, para primero someter a la bestia insaciable de sangre que los perseguía y que con recursos casi inagotables los estaba asesinando uno a uno, les había llegado a ese bando de narcos que buscaron al Estado su momento de pasarle la cuenta de cobro a su antiguo patrón, se volvían “sapos” o encontrarían una tumba y un letrero en el pecho, tirados en cualquier callejón o potrero o en las frías calles de Medellín.

Este país había cambiado una sociedad atormentada por las bombas, la muerte de gentes humildes despedazadas en las calles con muchos cadáveres entre los escombros del DAS (Departamento Administrativo de Seguridad) un héroe que nos devolvería la esperanza, que se podía luchar contra este imperio del mal y me refiero al “pulquérrimo” GENERAL MIGUEL ALFREDO MAZA MÁRQUEZ, ídolo de policías y admirado por su destreza e inteligencia para perseguir a ESCOBAR y para evitar ser asesinado por el capo del mal.

Pero el destino nos tendría otra sorpresa y este ídolo de barro con quien me topé personalmente y que hace parte de un gran engranaje, o un falso positivo para desviar la investigación y la impunidad prevaleciera como casi lo logra, gracias a la tenacidad de la familia GALÁN y a otros sectores de la Policía y nuestra sociedad, este indecoroso oficial hoy está condenado y pagando por un crimen que cambió la HISTORIA POLÍTICA DE COLOMBIA.

Ya no eran los ejecutivos de Fabricato, los de industrias Noel, RCN, Gaseosas Lux,  Posada Tobón, Almacenes Ley, Coltejer, Fabricato, Forestales doña María hoy Cipreses, Procecolsa hoy Papelsa, Coltefinanciera, ingenio del Cauca o los pulpos de las aseguradoras, esto sin contar los otros sindicatos como el grupo Corona, entre otros, ahora señores, los ejecutivos vestían de otra manera exótica y estrambótica, era el momento de las comunas y barriadas, ahora era el momento de los camajanes, bacanes, que desplazaban a los patrones de la industria de la marihuana y a sus jefes naturales, los indios guajiros y a los barranquilleros, dejó ser la Costa el epicentro de esta industria ilícita, ahora era MEDELLÍN sin ninguna duda con apellidos que remplazaban a los Iguarán, Rosado, Valdeblanquez, entre otros apodos famosos que hicieron historia y de los que fueron hechas canciones inmortalizadas como el “Gavilan mayor” por Diomedes Días, ahora los apellidos y nombres cambiaban de color y de región, ahora eran los Escobar, Gaviria, los Galeano, el Arete, Popeye, don Berna, los mismos Castaño, eran los apellidos y nombres de moda, las oficinas eran otras las de Envigado, las de Bello e Itagüí, eran las generadoras de otra clase de empleo, eran nuevas fábricas y estas fábricas de la muerte se tomarían a la sociedad antioqueña y a la gran mayoría de Colombia.

PRÓXIMA  ENTREGA: LA GUACA PRESIDENCIAL, LA ELECCIÓN DE GAVIRIA

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *