Abstracciones II: Reunión en El Palmar

Por: Rafael Ángel Gómez Gómez

Cuando llegamos al corregimiento de El Palmar me invadió una nostalgia al ver las banderas rojas y la multitud que nos esperaba, más de 200 campesinos, algunos con biblias en la mano que habían salido del culto evangélico y otros con sus machetes y calabazos después de sus jornadas de labores en el campo, tal vez interrumpidas para ver con curiosidad a los visitantes, la voz del poeta Argemiro Almanza se escuchaba fuerte organizando la reunión pidiendo: “compañeras y compañeros entren al aula del colegio”, donde nos sentamos en las sillas de madera, los pupitres de los niños, y que hacía de salón comunal cuando de reuniones de interés general hacían. Observaba en silencio, como de costumbre, buscando encontrar entre los rostros algo que marcara la diferencia o tal vez era la forma de guardar en mi memoria para el día que aflorara el cronista oculto que yacía en mi interior, nunca he entendido por qué razón me he demorado tanto tiempo para escribir estas memorias, estos relatos vivos que emergen constantemente y que he decidido darlos a conocer para contribuir a la reconstrucción de la memoria histórica, que no sea contada a su manera por quienes fueron actores del conflicto; mi familia y yo no lo éramos, solo somos VÍCTIMAS DEL CONFLICTO. En algún momento en el que ya todos estaban acomodados e íbamos a dar comienzo a la reunión, se me acercó al oído ÓSCAR MADERA, candidato nuestro Liberal a la Alcaldía de Montelíbano, me susurró al oído: ¡LOS GUERRILLEROS DEL EPL ESTÁN AQUÍ! Me invadió un frío que recorrió mi cuerpo, por segundos me paralicé y al instante reaccioné, tal vez por mi espíritu impulsivo y contestatario ¿Qué, le quedamos debiendo? Óscar, hombre prudente y veterano, me dice: “Tómalo con calma, quieren hablar contigo después de la reunión”. Mi intervención la pensé durante más de treinta minutos mientras escuchaba a Óscar, Argemiro y a los campesinos quejarse de la situación y hablar del abandono del Estado, pero empecé a mirar las cosas desde otra perspectiva, me dedico a analizar los rostros de los guerrilleros, jóvenes todos, algunos no pasaban los 16 años, con armas automáticas Mini Uzzi, escopetas 12 otros (no vi una sola arma de largo alcance), botas de caucho y uniformes desteñidos que en algunos como que “El muerto era más grande”. Mi divagación sobre qué iba a decir o si haría o diría alguna imprudencia por todos esos sentimientos encontrados, al final, cuando me tocó intervenir, terminé haciendo un discurso ‘veintejuliero’, contar desde nuestra perspectiva lo que significó el asesinato de mi padre para la región y para la familia ¿Al final? Aplausos, algunas lágrimas de viejitos y viejitas liberales contándome lo que habían sufrido por la persecución conservadora después del 9 de abril de 1948, cuando asesinaron a GAITÁN; esta espiral de dolor y violencia tienen unos mismos vasos comunicantes… Terminada la reunión, alquien me agarra por el brazo, me corre hacia un lado y me dice: “Rafa, los ‘muchachos’ lo están esperando”. Caminamos unos treinta metros hacia un palo de mango en flor, se sentía la humedad profunda bajo él y una protectora sombra que me dio resignación, por mi mente me pregunté ¿Y ahora qué?

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Eran unos 20 muchachos y muchachas jóvenes, las chicas desarmadas y uniformadas servían la comida, entonces pensé: “Bueno, al que le dan comida no lo van a matar”, estos pensamientos los interrumpe un guerrillero con cara de profesor y cachucha que se me antojó pensar “este parece un bolchevique”, tenía unos anteojos redondos, una rala barba, bigotes y se notaba su escasa educación que trataba de cubrir con frases de adoctrinamiento preconcebida como antiimperialismo, yanqui, que la oligarquía y toda esa perorata, para terminar diciendo que eran admiradores de mi padre, que podríamos andar tranquilos por todo el territorio que no iban a interferir, que habían oído hablar bien de Óscar Madera, que no nos preocupáramos de nada; no hubo aplausos, apenas silencio y solo atiné a dar las gracias en cortas palabras, la verdad quería salir rápido de ahí. Pasados unos minutos me despido de Argemiro y los campesinos, Dionisio Ríos nos esperaba en la lancha y el motorista estaba inquieto. En eso me susurró al oído el comandante guerrillero: “Váyanse, nos informaron que el Ejército está cerca”. Nunca más supe de esos muchachos, ni cuál sería la suerte de sus cortas vidas, antes de irme uno de ellos se acercó y me dijo: “Don Rafa, doña ‘mago’ es mi MADRINA”.

Emprendíamos el regreso a SAN FRANCISCO DEL RAYO pues nuestra ruta continuaba hacia el corregimiento de Pica Pica Viejo y Nuevo y después hacia Campobello, donde nos esperaba el compañero BLANCO, un vendedor de lotería. Ahí llegamos y empezó otra aventura. Estando en el billar de la entrada del pueblo, mientras nos preparaban una cena de arroz blanco, huevo frito y media libra de queso rancio -que fue lo único que encontramos-, con dos latas de sardina, ahí en el billar se me acercan dos jóvenes, uno de ellos me pregunta ¿Usted es Rafael Gómez?, yo le respondí “Sí, señor”, y él me dice “Soy el comandante EVER, y él es NICOLÁS, somos del EPL, necesitamos hablar con usted”…

Próxima entrega: Abstracciones III, secuestro en Campobello

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